Por Candelaria López
Días antes de que los viejos, así sin eufemismos, se volvieran tema de conversación pública gracias a un par de diputadas poblanas, morenistas —cuya parte de su polémica conversación en un añejo podcast aún circula en redes— la artista plástica Soledad Velasco compartía ya su reflexión en torno al tema a través de la muestra “La vejez. El eco final de la memoria”.
Inaugurada el pasado 17 de julio en el Museo de los Pintores Oaxaqueños (Mupo), las piezas que integran la exposición son resultado de “una mezcla de inquietud intelectual” que parte de la necesidad de su autora por explicarse una realidad que ahora le es cotidiana.
“Yo misma he llegado a una edad bastante avanzada y he comenzado a ver los procesos de enfermedad, decaimiento físico, transición y muerte”.
Aunque el tema la perseguía desde hace al menos siete años, fue hace tres cuando comenzó a darle forma al iniciar un cuadro el día en que su padre cayó enfermo, y al cabo de unos meses, cuando este murió, lo dio por concluido.
“Esa era la intención. El cuadro era como mi acompañamiento emocional en el proceso que estaba viviendo. Entonces, está terminado realmente”.
El amor senil, sin espacio
En 2025, ya con algunas obras realizadas, la también escultora aplica para obtener el apoyo del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA), lo consigue, y así comienza una reflexión más profunda sobre la vejez que logra traducir en alrededor de 50 piezas; sin embargo, por motivos de curaduría, algunas no fueron incluidas en la muestra que hoy exhibe, particularmente aquella que alude al amor entre dos viejos, una etapa que dice, “parece estar negada”.
—La vejez es un tema al que se le rehúye, más aún en estos tiempos
—Efectivamente, porque parece ser que el viejo ya murió. Cuando tus capacidades físicas, sobre todo, decaen, es como si ya no existieras. Si no produces, eres un estorbo para la sociedad. Afortunadamente hay familias que sí los integran, pero diría que no es la generalidad porque incluso los viejos que tienen dinero empiezan a ser vistos con avaricia.
Y para ilustrar la idea anterior, se refiere al cuadro “El último suspiro”, en el que se aprecia a un hombre lleno de gases quien en su proceso de muerte es flaqueado por un par de zopilotes a los que llama “los parientes cercanos” porque “eso es lo que veo en la sociedad en general en relación al viejo”.
A partir de estas consideraciones, Velasco consideró interesante reflexionar sobre esta etapa de la vida “para que cada uno nos preguntemos acerca del viejo o la vieja que tenemos al lado”.
“Un viejo es un viejo”
Del manejo que hace del término viejo, reconoce que si bien para algunos suena duro, no lo hace de una manera despectiva, sino con el afán de no huirle a las palabras ni a las definiciones. “Un joven es un joven, un niño es un niño, un adulto lo es y un viejo es un viejo y no tendría por qué tener una carga peyorativa”.
Agrega también que al hablar sobre la vejez con distintas personas, se dio cuenta que “la gente no quiere ver viejos. No es algo que le guste tener”.
El esfuerzo de vivir
Además de recurrir al óleo y al pastel gis, “La vejez. El eco final de la memoria” incluye una serie de esculturas en bronce, cera, barro y madera (a la que dio una segunda oportunidad de vida gracias al aserradero “El árbol de la vida” que la proveyó de bloques de ceiba), cuya intención es mostrar “el esfuerzo de vivir”.
“Sí creo que la vida vale la pena vivirla, pero también que es dura. Tal vez es mi experiencia general. Lo que veo de la sociedad”.
—¿Qué experiencia te deja esta reflexión sobre la vejez?
—Reconozco que mi visión en cada uno de los cuadros fue negativa. Salí con la sensación de que no vi el tema completo, lo positivo, y me gustaría hacerlo a futuro con una serie de dibujos donde retrate el amor, la sexualidad… la vida en la vejez porque aquí imperan la enfermedad, la soledad, el sufrimiento.
Aunque ya tiene esbozado el proyecto, la artista dedicará ahora parte de su tiempo en hacer que la muestra itinere, así como buscar un espacio propio para montar las figuras en cera (las velas como metáfora muy clara del proceso de la vida) en una instalación, y en ese lugar sumar al menos cinco dibujos sobre el amor en la vejez para entonces dar por cerrado el tema, “aunque aún hay mucho qué decir”.
Ciencia y vejez
Por su parte, en el texto de sala, el médico Víctor Tenorio se decanta por advertir que la vejez puede ser algo que se eternice, y ante ello, Velasco se detiene a pensar sobre ese probable alargamiento de la vida.
“Nos dice que el próximo siglo la humanidad podría alcanzar entre los 150 y 200 años. Y eso qué significa: ¿prolongar la juventud? Además de los problemas sociales, económicos y de todo tipo a los que nos vamos a enfrentar.
La eutanasia
Ante ello, Velasco, insiste en afirmar que en la vejez se es completamente vulnerable. “Ya no decides por ti mismo y eres completamente dependiente de los demás. No se me ocurre nada más crudo”.
Quizá por eso habla de la eutanasia como una opción y admite que le gustaría recurrir a ella porque “creo que la decisión y la voluntad es lo que enriquece la vida. Cuando eso se pierde no estoy segura de llamarle vida. Es un tema muy complicado”.
“La vejez. El eco final de la memoria” se compone de 34 dibujos y pinturas, 13 esculturas y tres instalaciones. Su montaje permanecerá hasta septiembre próximo en el Mupo, ubicado en la avenida Independencia 607, en el Centro Histórico de Oaxaca.


