Víctor Cha’ca: Talento, constancia y disciplina

SAN AGUSTÍN, ETLA, OAXACA
Amable, de una mente lúcida, que sobresale entre las pinturas y esculturas de su taller ubicado al final de una pequeña vereda cuesta arriba en Villa de Etla, el artista Víctor Cha’ca comparte en esta entrevista un anhelo que tiene para la juventud de Juchitán, su lugar de origen, y los pilares que han transformado a lo largo de cinco décadas su talento innato en una obra sólida.
El artista binnizá, cuyas obras forman parte de importantes acervos de museos, galerías y coleccionistas en México y en el extranjero, habla también del Premio Estatal al Mérito Artístico «Rodolfo Morales» que recibe este martes 22 de septiembre en Oaxaca.
¿Cómo recibió la noticia del premio? pregunto mientras nos acomodamos al centro de su taller galería, donde se miran algunas piezas de Tzompantli, dos pinturas de gran formato que está a punto de enviar al extranjero y otras obras escultóricas que evocan la vida y la muerte.
— No me sorprende todo eso, aunque son muy importantes (los premios) no sueño con eso— responde sonriente, sin titubeo.
«Una vez conocí a Manuel Felguérez en la Ciudad de México, durante una entrevista que le hacía Macario Matus. Le preguntaba ¿Qué le parece la Ruptura? Y él respondió: si yo no estuviera entre ellos, les mentaría la madre. Así son los premios, quién sabe cuántos me la mentarían porque me lo dieron. Aunque hasta ahora todos los que conozco me felicitaron por mi trayectoria o por lo que he aportado«, cuenta, con un sentido del humor, cierta ironía y la franqueza de quien puede ver las contradicciones, los egos y las trampas en el mundo del arte.
— Cuando empiezo a trabajar sobre un tema no me preocupa si venden las piezas o los premios. Aunque son un privilegio y una ventaja, no me quita el sueño. Lo mejor para mí es el ejemplo que puedo dar a mis paisanos, sobre todo a los jóvenes, me preocupan mucho, sobre todo en el Istmo, porque iniciamos de cero, de la nada. Son afortunados quienes salen de su tierra y se van a estudiar a la Ciudad de México, allá hay más oportunidad de realizarse. En el Istmo, gracias a dios pudimos fundar una escuela incorporada a la Universidad Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), pero no todos esos jóvenes tienen la oportunidad de contar con los recursos de su papá, tienen otros trabajos para poder sobrevivir en esos cuatro años, muchos de ellos se alquilan para manejar mototaxis, algunos los amenazan o caen en la tentación y aceptan trabajos que no son lícitos. Muchos jóvenes han muerto, es una lamentable verdad que pasa en Juchitán. Por eso, lo más adecuado de es te premio es que me ubiquen de donde vengo, salí de la nada, este premio es un ejemplo, una oportunidad para decirles que se puede vivir del arte.
En Juchit´án en el Istmo de Tehuantepec, vivió más o menos hasta los 20 años; su padre le sugirió trabajar en la zona petrolera de Minatitlán, Veracruz para ganar bien y se fue de su tierra.
—En la familia éramos como 10 primos y desde quinto año de Primaria una maestra nos seleccionó a dos y dijo tienen talento artístico en poesía y dibujo, en mi caso. No era una escuela especial, todos sabemos que en una escuela normal lo básico es aprender a sumar y leer y ya, no andan buscando talentos. Eso no les importa, pero a mi me recomendaron estudiar pintura en una escuela de arte. El ejemplo era Toledo, un juchiteco que estaba triunfando en Europa. Yo era dibujante, pero mi papá y mi abuelo no lo aceptaron, aunque eran artesanos, se dedicaban a trabajar el cuero para hacer huaraches, utilizaban piel de borrego y chivo. También hacían adornos para la mayordomía. Yo me fijaba en eso, pero el plan que tenían para mí era que fuera petrolero.

—Mucha gente titubea para decidir sobre lo que quiere hacer en su vida ¿Cómo se decidió usted?
—Es algo que yo no me explico. Dos años estuve trabajando en Minatitlán, con el dinero que gané mi papá logró construirme una vivienda. Pero conocí a un pintor mientras trabajaba y eso me empujó.
Fue una decisión definitiva. Yo dije, será o no será… ¡ No importa, chingue su madre! Dejé mi trabajo, entré a la Casa de la Cultura que inició un poco antes del taller Rufino Tamayo.
—¿Cuándo comenzó a ganar?
—Comencé pintando estandartes que se ocupaban en las iglesias y en las fiestas patronales de Juchitán. Luego me acerqué al movimiento cultural que encabezaron Francisco Toledo y Macario Matus desde la Casa de la Cultura de Juchitán, ahí tuve acceso al acervo bibliográfico del arte contemporáneo de todo el mundo, ahí vi grabados japoneses grabados alemanes, y amplié mis conocimientos. Mi primera exposición fue en 1979. Nos incluyeron a dos de Juchitán para participar en la sede del Auditorio Nacional, para el siguiente año tuve mi primera exposición individual en la Casa de la Cultura de Juchitán. Desde entonces no he dejado de exponer. Ya son más de 45 años en galerías y museos de México y el extranjero. Por eso es importante decirle a los jóvenes si se puede vivir del arte, pero no basta el talento. ¿Qué se requiere para llegar a este punto?
—Constancia y disciplina. No solo es talento o tus dones como se dice allá en Juchitán.
—¿Hablando de disciplina, cómo es una jornada de trabajo de Víctor Cha’ca?
—Siempre he sido muy dedicado, casi nunca tomo. Antes leía mucho, todos los días leía antes de empezar a trabajar, me gustaba leer de todo, poesía, novela, ver libros de arte. Luego llegó el celular… Bueno, también en Tik Tok hay algunas cosas interesantes… Cuando tuve mi taller en la Ciudad de México tampoco iba a fiestas. Así siempre he sido. Me baño y me preparo para trabajar todo el día, tengo mis tiempos de comida eso sí. Tal vez los psicólogos o los especialistas pueden decir otra cosa, pero yo así me siento bien, me siento contento haciendo esto. A veces me voy a dormir y despierto en la madrugada a ver las piezas, pienso en lo qué estoy haciendo, y lo que me falta hacer. Es de locos, tal vez. Todo el tiempo estoy trabajando, Mi último proyecto escultórico Xu roo Terremoto que expuse en San Pablo, lo hice en ocho años.
—¿Cómo le hizo para no desanimarse, cansarse o desesperarse durante estos ocho años con esa obra?
—Con constancia y disciplina, eso es lo que me ha llevado a hacer todo. A veces me detengo y pienso no sé si me va a dar tiempo de hacer todo lo que estoy pensando, todo lo que quiero. Pero hasta ahora estoy satisfecho.
De mente activa y profunda, más allá de su talento en la pintura, escultura, grabado y cerámica, su iconografía o estilo, la gran obra de Víctor Cha’ca se distingue por su sencillez, su franqueza, por su gran espíritu colaborativo y su compromiso con el desarrollo de la comunidad artística. Su participación junto con otras artistas en la fundación de la Escuela de Artes Plásticas en Juchitán ha sido clave para abrir oportunidades a jóvenes de la región y de otros estados del sureste mexicano. Pero su disposición para compartir sus conocimientos y experiencias lo convierten en un ejemplo invaluable (no solo) para quienes buscan incursionar en el mundo del arte.

