FOTO: CAROLINA JIMÉNEZ
El hallazgo de maíz genéticamente modificado en una región con gran diversidad de maíces nativos, por parte de los investigadores Ignacio Chapela y David Quist, de la Universidad de Berkeley, abrió un debate internacional sobre la liberación de transgénicos, al ser México parte del centro mesoamericano de origen y diversificación de este grano.
La contaminación ocurrió a pesar de una moratoria de 1998 para frenar la siembra de maíz transgénico en el territorio nacional y se convirtió en 2001, en un tema de debate científico, social y político, tras la publicación del descubrimiento en la revista Nature.
Aunque el artículo fue duramente criticado por investigadores biotecnológicos, provocó una fuerte respuesta de organizaciones campesinas, indígenas y defensoras del medio ambiente, sentó las bases para el largo debate que hoy persiste sobre la siembra de maíz transgénico en el país, incluso ante la presión comercial del T-MEC.
Dos décadas y media después de aquel descubrimiento y la posterior controversia científica, presentamos esta entrevista realizada a Ignacio Chapela, ecólogo, micólogo y docente de la Universidad de California en Berkeley, un importante crítico de la industria de la biotecnología, quien nos comparte los detalles sobre aquel experimento y cómo mira a la distancia este tema que aún se debate desde la academia, la industria y el campo.

Antes de entrar de lleno en el tema, el investigador precisa que en 1972 fue cuando se realizó la primera manipulación transgénica en San Francisco, California, Estados Unidos. “Mover un ADN de una especie a otra, era una promesa antes de los años 70, pero a partir de 1972 se volvió una realidad, es decir, físicamente había gente haciéndolo en el laboratorio, pero lo que se desarrolla ahí, tiene que ver mucho más con las historias que se cuentan, no con las que se hacen”.
Ignacio Chapela considera que estas historias que se han contado durante medio siglo en torno a los transgénicos han sido un fracaso. Y para explicarlo se remonta medio siglo atrás.
P. ¿Cómo fue ese primer experimento transgénico?
R. Hay que aclarar, un transgénico es un ser vivo (planta, animal o microorganismo) cuyo ADN ha sido alterado en laboratorio al introducir genes de otras especies para otorgarle características nuevas y específicas, es algo que no se puede comparar con muchas otras cosas, no es lo mismo que lo que hizo la gente aquí en Oaxaca cuando domesticaron el maíz, o lo que están haciendo en Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) o en otros lugares donde cruzan maíz para mejorarlos. Por eso poder mover el ADN se convirtió en una promesa valiosa. En ese momento, ya no estabámos restringidos por el sexo, por la revolución sexual. La idea que se contaba es que ya no necesitábamos ver si de casualidad nos salía, sino ir específicamente a tomar el gen, entonces, se volvió muy interesante esta idea de mezclar formas de vida, pero en realidad son ideas antiquísimas, casi mitológicas. De pronto en 1972 dicen lo podemos hacer y lo vamos a hacer. Eso explica mucho por qué la discusión sobre los transgénicos es tan longeva, hay mucha gente que dice sí porque no, si puedo y hacer un maíz que no necesite fertilizantes que tenga mayores rendimientos, que sean resistentes, que combatan la desnutrición o la diabetes. Pero en realidad seguían y siguen contando historias mitológicas casi, diciendo tengo las herramientas para poder hacerlo. Pero en realidad es una acumulación de historias.
¿Dónde han quedado esas historias? Han prometido mucho, pero la mayoría de las historias han sido un fracaso . Eso es muy difícil de entender, la gente quisiera que eso fuera realidad, eso creo que explica la algidez, lo difícil que es esta discusión de este tema, lo cierto es que siguen contando historias. porque lo que ha pasado es que no han podido cumplir las promesas que se hicieron desde medio siglo atrás.
Tecno Utópicos vs posición precautoria
Chapela relata que en esa época había dos posiciones: los tecno utópicos,aquellos que dicen, “vamos a resolver todos los problemas con la tecnología, de cualquier tipo.» Y por el otro la gente que toma la posición precautoria, aquella que dice: sabes qué, a lo mejor se puede o a lo mejor no, deberíamos de tener cuidado, hacer tests para ver cuáles son las consecuencias, discutirlo públicamente, convertirlo en una discusión social.
¿Y qué sucedió, se discutió, se hicieron los test?
Pienso que si vamos a hacer una intervención tecnológica que va a transformar el mundo, como ellos ( los tecno utópico) dicen que lo van a hacer, tendrían que tener de alguna manera una supervisión, por lo menos con el sistema democrático, yo digo que se necesita más, pero la realidad es que nunca pasó eso. No hubo periodo precautorio, es decir nunca se observó lo que podía ocurrir. Se asumió que era un gen sobre otro, dando características particulares, sin considerar que esta pieza de ADN en otro organismo se comportan de otra manera y tienen consecuencias.Ese es un marco conceptual basado en la biología que se aplica a este problema de los transgénicos, porque lo que se está haciendo es sacar la pieza de un contexto vivo y ponerlo en otro, pensando que siempre se va a comportar como lo que tú pensaste que estabas haciendo allá.
Antes de vivir en Estados Unidos, Ignacio Chapela trabajó para la industria, en Suiza en donde ya estaba observando junto a otros científicos el desarrollo de este tema. Cuando llegó a Estados Unidos le tocó vivir directamente y ver a las personas que estaban trabajando en el tema de los transgénicos, a los tecno utópicos y a los precaucionistas. En 1996, el Departamento de Agricultura del gobierno de Estados Unidos contrató a la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos para un reporte sobre cuáles son las consecuencias de la liberación de organismos transgénicos en el ambiente. No necesariamente maíz, sino todos los organismos en agricultura. Lo mandaron llamar. Chapela formó parte de ese comité y se dio cuenta que la discusión no era precisamente científica.
P. ¿Qué se discutía?
R. Alrededor de la mesa había unos 15 científicos con los que evidentemente había diferencias muy claras. Pero lo más claro para mí, fue que ellos ya sabían lo que querían decir.Lo que nos dijeron en esa época fue, estos organismos transgénicos no son diferentes a los no transgénicos. Estar dando vueltas y preocuparse es una pérdida de tiempo. Porque no son diferentes, es lo que se llama el principio de equivalencia sustancial. Sustancialmente son equivalentes a los no transgénicos. Este es el departamento de agricultura, son quienes van a palomear y decir sí, que se liberen en el ambiente. Y como son sustancialmente equivalentes, vamos a autorizar. En 1996, fue el año en que se liberaron transgénicos al ambiente por primera vez a nivel comercial.
La Polaridad antes y ahora
En esa época, Chapela trabajaba con las comunidades de Uzachi en la Sierra Norte de Oaxaca; había montado un laboratorio que ellos querían tener para poder cultivar hongos; al mismo tiempo que observaba el interés por el tema de los transgénicos, además, su posición en México y Estados Unidos le permitía observar cómo se cocinaba el tema.
“Esa posición, como binacional, me permitió darme cuenta que estaban en problemas. Las comunidades, las ONGs ya estaban hablando seriamente sobre lo que podía pasar cuando se liberaran y se plantaran a cielo abierto y en amplias extensiones. Había polaridad entre la gente del interior del país y la ciudad de México. Y entre la gente de la Sierra Norte y la gente de la ciudad que estaba muy dispuesta a no preguntar nada mientras le hicieran parte del nuevo desarrollo tecnológico”
Chapela estaba en comunicación con la gente de la sierra Norte, con las ONGs en la capital del país y con Estados Unidos y Europa, en donde también tenía participación en el ámbito científico, aunque ahí era evidentemente la posición precautoria, a diferencia de Estados Unidos que en época entre 94 y 96, bajo el gobierno de Bush y su vicepresidente Dan Quayle ordenaron quitar todas las restricciones para poder avanzar en esta tecnología. Ese era el espacio donde trabajaba el investigador Ignacio Chapela dentro del Comité de la Academia Nacional de Ciencias, muy grande, pero limitado, un espacio donde cuestionar era estar contra el progreso y el avance de la economía de los Estados Unidos. Todo eso formó parte del caudal de una gran discusión que después de 25 años no se acaba y tal vez no se acabará en un largo tiempo.
¿Cómo se dio la detección?
Después de dos años de asambleas y discusiones, las comunidades de Oaxaca empezaron a tomar la posición precautoria; querían saber las consecuencias de la introducción en el país, las herramientas que podrían tener, pero no había nadie con la capacidad técnica ni en el gobierno de México ni en la UNAM en ese tiempo para tomar esa previsiones, mientras que en estados unidos lo producían (y producen en millones de hectáreas).
En las comunidades se hacían preguntas, y los requerimientos, pero en realidad nada de eso pasaba. Así llegaron a la decisión de montar un equipo, con los microscopios que se tenían para trabajar con hongos y con las orquídeas; empezaron a entrenar a la gente para que tuvieran control en el laboratorio. Y en ese contexto, un estudiante de doctorado y alumno de Chapela vino a Oaxaca a hacer un taller para demostrar cómo se estaba haciendo y en la primera muestra, el primer día que lo intentó tenía que tener un control positivo y un control negativo. Se trajo una latita de maíz Estados Unidos, que sabíamos que era positiva. Y aquí, en la cuna del maíz solo había que tomar un poquito de maíz para tu control negativo.
Me llamó como a las 6 de la mañana un día y me dijo: «los negativos me están saliendo positivos.» Y ese fue el momento. “Me costó, debo decirlo. Existía la posibilidad de decirle a David (el estudiante): lo único que estás haciendo es un taller, búscate otras muestras, para que ellos puedan ver lo cómo se ve un positivo y cómo se ve un negativo, para que el taller saliera y luego que me dejaran pensar, porque no estaba aquí. Pero decidí que no íbamos a encubrir nada. Ese episodio fue entre el año 97 y 98. Lo que siguió para Chapela fue un capítulo largo de política de la ciencia donde la posición estratégica la tenía el Estado para fomentar la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación, a través del financiamiento y la colaboración para dirigir la ciencia hacia el desarrollo nacional.

A pesar del enorme impacto mundial que tuvo el artículo de David Quist e Ignacio Chapela, la revista seleccionó otro tema de investigación para ilustrar su portada del 29 de noviembre de 2001.
Nature y la duda
El reto para el científico fue lograr publicar esos datos. Pensó en Nature, una de las revistas científicas de alto impacto en todos los campos de la ciencia y la tecnología, un referente global para la comunidad científica.
“Me moví de manera que los promocionistas, mis colegas, no se enteraran”
El artículo llegó a las manos del editor de Nature, lo aceptaron inmediatamente. Pero a las dos semanas el editor se comunicó desde Inglaterra con el científico para decirle: no lo vamos a publicar. De ahí en adelante, Chapela sorteó un año hasta que finalmente fue publicado. Sin embargo dentro de la misma revista, el editor escribió una nota diciendo que tenía dudas sobre este artículo. Plantó la duda. Se armó una campaña muy fuerte dentro del sistema científico. Todo el mundo comenzó a opinar. Los estudiantes de doctorado de sus colegas, los postdoc, los promocionistas, los tecnoutópicos que tenían que tenían la esperanza de tener sus grants en el tema. “Para mí ese es el momento en donde se plantan las semillas de la discusión que sigue avanzando”
La investigación que Chapela y su estudiante hicieron no tenía financiamiento institucional, intentó algunas solicitudes para poder seguir hasta que el director de un programa dentro de la Fundación Nacional de Ciencias que otorga el dinero para la investigación científica en Estados Unidos, le llamó por teléfono para decirle: aprecio tu trabajo, tengo que decir que conozco a los que están en El comité de evaluación nunca te van a dejar, no te van a financiar.» «No gastes tu tiempo.» Nunca volvió a intentarlo.
¿Cómo saber en qué momento estamos?
Para situarnos en este tema no es conveniente preguntar ni a los técnicos ni a los científicos a los que están financiando porque están comprometidos, ellos necesitan que esa historia funcione. Hay que preguntarle al mundo financiero en dónde está un producto que sí funciona, de los miles que han prometido. Por ejemplo, un maíz con super proteína o contra la diabetes o un maíz con espermaticida. Compáralo con desarrollos culturales, técnicos, como la tecnología nuclear. La bomba de Hiroshima funcionó, si te gusta o no te gusta, ese es otro tema. Y ahora en el transgénico llevamos medio siglo y no hay nada.
¿Cuál ha sido el impacto, quienes lo analizan o lo están midiendo?
La tecnología tiene su impacto a nivel social. La gente que hace nueve mil años domesticó el maíz aquí en Oaxaca está viva.Pero si pensamos en cómo afecta en el mercado, en cuestiones de salud individual, salud social y ambiental, podemos ver que hay muchas capas de cuestionamientos que no se han dado, No han hecho los ensayos que deberían haber hecho en los 70 incluso antes.
Es importante reconocer que hay muchas muchas capas, una que creo que siempre funciona bien para centrar una discusión más concreta, es la propiedad intelectual. Porque si te digo que coges un pedazo de ADN de aquí y lo metes acá y hace lo que se le pegue en gana, a lo mejor uno de los muchos que produjiste hace algo parecido a lo que querías, etcétera. Pero lo que es real es que ese pedazo de ADN está ahí y se pasa a los descendientes. Entonces, lo que eso se vuelve es como una marca, como un hierro. Y ahora tienes un maíz que está marcado molecularmente con el cual, Monsanto, ahora se llama Bayer, te puede decir: estás plantando maíz que es mío. Y te voy a demandar. Y eso ya lo han estado haciendo desde aquella época y han arruinado muchas vidas y arruinado muchas situaciones porque todas las regulaciones a nivel nacional, a nivel internacional, a nivel global a través, por ejemplo, UPOV, protege a Monsanto, no a los campesinos que fueron contaminados. Este es un punto muy importante y muy interesante donde se clarifica una discusión.


