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Muere Arthur Miller el arqueólogo-artista apasionado de las cosmovisiones prehispánicas

Foto: Carmen Pacheco

El  arqueólogo, historiador  y artista Arthur Miller (Nueva York, 1942-2026), radicado desde hace más de tres décadas en Oaxaca,  falleció este lunes en España.

Amigas, amigos y personajes de la comunidad artística en este estado lamentan la muerte del arqueólogo y pintor, cuya interés por comprender e interpretar las cosmovisiones prehispánicas desde un contexto contemporáneo, marcaron su obra como artista.

Miller veía en  la pintura una manera de compartir el fascinante legado de las culturas prehispánicas. Sus piezas hacen referencia a todo eso, a los números sagrados, ceremonias rituales y colores que impregnaron su inconsciente y su ser.

De origen estadunidense, Arthur Miller llegó a México en 1976 por un proyecto de arqueología sobre pintura mural prehispánica, en Tulum y Xelha. Su experiencia en esta disciplina lo acercó a Oaxaca, en noviembre de 1985.

En esa fecha, junto con un gran equipo de especialistas, realizó una investigación en un yacimiento arqueológico ubicado en San Pablo Huitzo, Oaxaca, donde halló  un conjunto funerario o adoratorio de la muerte, al que se conoce como la Tumba 5 de Suchilquitongo o Huijazoo. Dicha tumba es considerada ahora la más grande y compleja descubierta en Oaxaca. 

En ese tiempo Arthur conoció al  pintor oaxaqueño Rufino Tamayo con quien coincidía en su interés por el arte precolombino. También desde esa fecha retomó su pasión por la pintura.

Vivió unos 35 o 40 años en Oaxaca, donde se hizo amigo de gestores y artistas y personajes de la vida comunitaria.

«Tuve la suerte de tener amigos de la Sierra Norte de Oaxaca, de Yalalag y de la zona Mixe, como Floriberto Díaz Gómez. Era muy amigo mío», dijo en una entrevista con esta reportera, con quien generosamente compartió su amistad y su conocimiento.

Sus últimos años los vivió en San Pablo Etla junto a su esposa,  amiga y compañera Lourdes Fernández-palacios Gonzalo y su perra Flavia.

Miller murió en España, de donde retomó la idea plasmada en un fandango sevillano que ilustra no sólo su obsesión por los colores, por la luz o  la creatividad, también la importancia de hallar en la vida un vehículo para transitar el tiempo como humanos.

“Mi barco es mi único escape”,  dijo en aquella ocasión aludiendo a su quehacer en la pintura.  “Cuando no tengo mi barco o cuando está perdido, pienso en la barca que tenía, está muerta en la arena morena, de la bahía…… es un lamento de pérdida”. Un lamento que ahora compartimos. 

Gracias por todo, querido Arthur Miller.

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