Foto: Citlalli López Velázquez
En enero de 2024, Filadelfo Aldaz Desiderio, indígena Ayuuk no binarie, participó en la primera manifestación calenda contra la gentrificación en Oaxaca y fue detenido por seis policías que se montaron en su espalda y lo sometieron.
Dos años después, Filadelfo aún recuerda ese momento en el que fue trasladado. “Me colocaron las esposas de una manera que me cortaban la circulación de los brazos. Me arrastraron y a empujones me subieron a una patrulla y en mi traslado hacia el cuartel de la policía comenzaron los actos de tortura en mi contra, luego fue en la Fiscalía».
Fila, como le llaman sus amistades cercanas, narra que los policías fueron presionando con sus botas su pierna derecha, mientras le seguían apuntando con un arma, obligándole a agachar la cabeza bajo la amenaza de dispararme en la frente o desaparecerle.
“Fui objeto de tortura y discriminación tanto por mi origen como por mi orientación sexual», narra el activista. «Me tomaron varias fotografías y los policías se burlaban de mí diciéndome tu foto va a circular en redes con esa blusa de maricón que traes puesta”, abunda.
El activista ayuujk declara que el Estado y sus instituciones, incluyendo a la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, se ha negado a darle atención.
Hoy jueves, a dos años y medio de haber denunciado esos hechos, sigue exigiendo a la Fiscalía de Oaxaca aplicar en su caso el protocolo de Estambul, el cual establece las directrices para investigar, evaluar y documentar casos de tortura.
Para él resulta claro que lo que ocurrió en 2024 fue una detención ilegal y arbitraria, “había órdenes precisas de someterme a métodos de tortura física y sexual”, afirma.
Narra que al llegar a la Fiscalía no le permitieron tomar agua y lo tuvieron en un lugar donde había un reflector que no dejaba de parpadear. «Además, me negaron la ingesta de tratamiento médico, es evidente que se trató de tortura”.
“Prefieren silenciarme”
Filadelfo firma que debido a estos hechos vive con estrés traumático y le han diagnosticado ansiedad y depresión crónica, mientras que el Estado y sus instituciones no solo se han negado a atenderle sino que además no han garantizado su protección.
“Ahora soy víctima de violencia institucional de persecución y hostigamiento constante de parte de corporaciones policiacas. Han intervenido mis número celular “
El activista denuncia hostigamiento constante, manifiesta que recientemente intentaron allanar el espacio que ocupa la comedora comunitaria, donde se preparan cacerolas de comida para compartir con personas en graves situaciones de violencia y olvido por parte del Estado.
“Con estos actos prefieren silenciarme, amedrentarme y evitar que siga exigiendo justicia”, señala y exige al Estado parar los actos de violencia, discriminación, hostigamiento y amenazas en su contra.
De acuerdo con la organización Consorcio, los registros del fuero federal indican que en el periodo 2018-20 2024 se identificó que Oaxaca concentró el 15.4% de las víctimas del delito de tortura equivalente a 1224 víctimas.
“Esta concentración no debe interpretarse como un dato meramente estadístico, es una alerta en los territorios con alta diversidad cultural y lingüística como Oaxaca”, señala el organismo de defensa de los derechos humanos.

