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Cementerio de animales

Un libro como Cementerio de animales, de Stephen King,es naíf y, a pesar de su relación con los clásicos norteamericanos, rompe con brusquedad el bien decir de la literatura

Por Enrique Arnaud

Ha vendido millones de copias, aunque tiene la fama de ser literatura desechable. ¿Será un buen libro? ¿Vale la pena leerlo? Hay algo precioso en su originalidad y en su manera impúdica de abordar lo perverso. Aunque está completamente ligado a la tradición de la literatura fantástica y de terror de los Estados Unidos, ha sabido reinventar el imaginario colectivo y transformar viejos mitos. Zombis vudú, magia que se mezcla con la experiencia científica, y los mitos americanos vistos a través de la mirada del hombre blanco. Poe, Lovecraft y Washington Irving están presentes. Todo mezclado con técnicas de escritura cinematográfica, algo que se delata en la forma perfecta en que cada personaje queda cerrado, a veces de manera un tanto atolondrada, pero con éxito.

Cementerio de animales es un libro que el lector puede devorar. La pasión con la que fue escrito es palpable y hasta se le podría decir que tiene chispa. Con algo de psicología personal, Stephen King logra conectar con nuestros miedos, aunque no deja de ser un recurso. Un libro como Cementerio de animales es naíf y, a pesar de su relación con los clásicos norteamericanos, rompe con brusquedad el bien decir de la literatura, porque carece del tacto de los adultos y habla de forma morbosa con una inteligencia oculta en un toque infantil . Esta forma arriesgada de crear compromete al editor, y en México los editores quieren ser ideólogos, historiadores; quieren hacer todo y muchas cosas más, y no dejan que el lector sea el juez del trabajo de los escritores. Anteponen sus traumas y aspiraciones personales a la ética de su labor. Que el texto exista, y que sea el lector quien decida si vale la pena.

“Hace falta encouragement”, me decía una amiga escritora hace unos años, a propósito de una charla sobre la literatura en Oaxaca y en México. Yo añadiría que hace falta que el librero sea librero y no trate de transmitir sus gustos y prejuicios, ese no es su trabajo. Que el editor sea editor y deje de hacer política o idear Estados, ese no es su trabajo. Que el crítico literario se eduque en la creación y no sea un juez, juzgar es trabajo del lector, y que no predique porque moralizar tampoco es su trabajo. En general, hace falta mucha salud mental en nuestro medio literario, pero en esta América Latina nuestra, los intelectuales no creen en la superación personal, pero si se entregan al pensamiento mágico producto de sus patologías y adicciones.

Imágenes de Enrique Arnaud

En literatura, existen gustos diferentes, algo que a veces resulta difícil de creer, sobre todo cuando se da entre dos opiniones inteligentes. En mi caso, tengo muchos libros por leer, pero le di una oportunidad a Cementerio de animales de Stephen King y valió la pena. Fue divertido y quedé saciado de Stephen King por décadas. Es verdad que es un libro desechable, pero vale la pena. Cuántos autores pretenciosos hay en el medio contemporáneo que no logran conectar ni contar una historia. Stephen King arriesga y se brinda, eso vale la pena. Su libro no busca cumplir un compromiso ni una beca. Es pura escritura y, por momentos, literatura.

A su imaginación desbordada, hay quienes le desearían el Premio Nobel de Literatura, y ciertamente su producción literaria es un fenómeno cultural que merece observarse. Aunque quizás pueda apreciarse mejor en las películas y series que se han creado a partir de sus libros. Cualquiera de las obras creadas a partir de sus obras son recomendables, claro si tienes ganas de ver algo que sea de terror.

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