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Lo miro por la pared de cristal de la cafetería del Centro Cultural San Pablo, mientras me acerco. Un paliacate color rojo rodea su cuello. Para mí, no solo es una tela o accesorio, es un elemento inconfundible que advierte, o así lo entiendo, que estamos ante un binnizá (zapoteca) que lleva en su andar la herencia cotidiana de su pueblo.
En el patio hay unas piezas monumentales del artista juchiteco hechas de grandes vigas. Las veo de reojo antes de entrar a saludarlo y caminar con él hacia el pasillo y las salas, donde máscaras, nahuales, tzompantli, murciélagos o lagartos iluminados naturalmente por la luz del sol, revelan la capacidad y sensibilidad del artista para resignificar la experiencia trágica del sismo de 2017 que devastó varias comunidades en la región del Istmo, entre ellas Juchitán de Zaragoza.
El 7 de septiembre de 2017 cuando ocurrió el sismo de 8.2, él estaba en su taller en Villa de Etla. Rápido se enteró de lo ocurrido en Juchitán. Se hablaba de miles de casas derrumbadas y muertos. Ahora sabemos que 78 personas murieron y unas 70 mil casas, escuelas y lugares históricos para los zapotecos quedaron hechos polvo. Víctor Cha’ca viajó esa noche para estar con su familia.
“Al entrar a la octava sección de Juchitán, que es mi barrio, vi las casas destruidas, las casas antiguas que nuestros abuelos construyeron, las vigas sobresalían sobre el techo». Muchas cayeron sobre sus vecinos, otras salvaron vidas, representan para el artista la muerte y la vida.
Antes de ser destruidas por las maquinarias que el gobierno federal envió, Cha’ca recuperó las vigas y las convirtió en esculturas. Al principio tenían el significado de muerte “todas tenían una calaca, las llamé Tzompantli”. Pero en el camino fueron surgiendo otros materiales y otras ideas.
“Todas las piezas representan el espíritu de nuestros antepasados que construyeron su casa pensando en un espacio común con un altar familiar donde toda la familia iba a estar y rescatar ese espíritu, ese guenda, de la prehispanidad”
Cuando Víctor Cha’ca habla de Xu Ro (terremoto) como un Guenda, se refiere a un concepto en zapoteco que, entre otras cosas, representa el espíritu, no desde la visión judeocristiana sino desde la cosmovisión de los binnigulaza, como una fuerza, algo que mueve u orienta a todos los seres, plantas, cosas, animales, todo cuánto existe en el mundo.
«Mis abuelos decían: hay que alimentar esos bexée o bixhee (esos ecos, esa esencia), que se queda dentro de las viviendas. Ellos a veces ponían un pedacito de queso y tortilla en alguna oquedad para alimentar a esos guenda para que den bendición”
En la cosmovisión zapoteca, los bexée son fuerzas que rondan por la casa después de la muerte, la esencia que hay que alimentar con ofrendas en altares, para mantener el equilibrio y la protección. Se cree que al alimentarlas se asegura una buena cosecha, bendiciones, pero sobre todo se honra a las almas que regresan pues para los zapotecos la muerte es un ciclo continuo y no un final.
Xu Ro tiene su origen también en el sincretismo, en la unión de dos tradiciones culturales: la judeocristiana y la zapoteca. Revela el espíritu de la proyección del artista, de sus experiencias y emociones, transformando un evento trágico que cobró la vida de muchos vecinos, en un vínculo entre lo terrenal y lo trascendente.
En zapoteco Xu Ro no es un movimiento pequeño es inmenso, dice el artista gesticulando, haciendo ademanes. Nos guía por la sala donde están las primeras piezas de unas 80 construidas a lo largo de ocho años. Una parte fue comprada por un coleccionista de León Guanajuato.
Nahuales, cuerpos humanos con cabeza de lagarto o coyotes parecen mirarnos, conmueven por su compleja mixtura en la que Chaca despliega sus posibilidades, no se limita.
“Cambie de nombre», apunta. Tzopamtli, que es muy bonito, a XuRo porque para mi es más poético y es zapoteco».

Víctor Cha’ca mira las piezas como quien se mira a sí mismo satisfecho de haber recreado y resignificado la experiencia de su pueblo, afectado por un enorme movimiento de la tierra, integrando el pensamiento de sus ancestros, las leyendas y algunas de las visiones que tuvo en su infancia, la rudeza, la docilidad de la naturaleza y el espíritu que le impulsa a recrear con su propia estética, imaginando para Juchitán una nueva etapa.
“Le eche todo lo que llaman kilos. Aquí está mi vida”, suelta convencido de que estas piezas a las que ha dedicado muchos años son lo máximo que ha hecho (al menos hasta ahora).


