INVESTIGACIÓN Y ENTREVISTAS: VIDAL PINEDA Y ROCIO FLORES
Mientras que la historia busca reconstruir el pasado de manera metódica y documental, la memoria es una interpretación viva y subjetiva anclada en el presente, pero que nos permite mirar hacia el atrás, reflexionar, corregir y reconstruir
TEXTO: ROCÍO FLORES | FOTOGRAFÍA ESPECIAL: FÉLIX REYES
Un sistema de caciques sostenido por el PRI, la privatización de edificios históricos, el incumplimiento con las comunidades indígenas, las nulas negociaciones con el magisterio, que llegaron a su clímax el 14 de junio de 2006 con el intento de desalojo y la represión policial, fueron la semilla que dio origen a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca APPO, un movimiento social que agrupó a cientos de organizaciones, sindicatos y ciudadanos que se sumaron con una demanda compartida: la renuncia del gobernador Ulises Ruiz Ortiz.
Aquel 14 de junio, el brutal ataque policial e intento de desalojo contra el magisterio desató la indignación y prendió la mecha de un fuego que recorrió las calles, espacios públicos, colonias e incluso algunos municipios cercanos; durante meses todo fue transformándose en nuevos episodios de gran tensión social, de enfrentamientos violentos con grupos de choque, barricadas, arte subversivo, resistencia social y cultural.
La indignación ciudadana impulsó la nueva organización. La APPO y el magisterio tomaron gran parte de la capital oaxaqueña, hicieron uso de los medios de comunicación públicos y durante meses repitieron en sus marchas, manifestaciones y barricadas la consigna «¡Va a caer, va a caer, Ulises va a caer!»
Dos décadas después, recuperamos algunos testimonios que dan cuenta de la diversidad de miradas sobre un movimiento magisterial que desencadenó una gran revuelta social en 2006, un año que marcó históricamente a Oaxaca y que dejó huellas profundas entre la sociedad.
PRIMERA PARTE
“Esa madrugada del 14 de junio de 2006. Aún no amanecía, cuando la Policía Estatal recibió la orden del gobernador Ulises Ruiz, de desalojar. Ese día yo regresaba de trabajar en una campaña de un diputado. Traíamos lonas en la camioneta, estaba a punto de bajarlas cuando me dijeron lo que estaba pasando”:
Félix Reyes, fotoperiodista y documentalista desde 1984.
Ese día, Félix Reyes se llevó la camioneta del diputado y la estacionó lejos del primer cuadro de la ciudad y caminó hacia el zócalo.

—Cuando llegué eran las seis de la mañana, lo primero que vi fue el enfrentamiento que se dio con el magisterio y grupos de organizaciones con la Policía, gas por todos lados, todas las casas de campaña de los maestros, nylon, lonas, ropa, zapatos, todo lo que tenían los profes tirado en el suelo. ¡Era un verdadero desmadre el zócalo! Los policías habían entrado cerca de las 4:30 de la madrugada, se apoderaron del zócalo. Sí fue un desalojo, pero los compas que estaban ahí lograron reorganizarse y entraron nuevamente por la calle de García Vigil. La Policía se posicionó nuevamente, pero otra vez los maestros se organizaron y lograron sacarlos.
Félix cuenta que esa madrugada hubo detenciones, en las calles señoras y niños sufrían por el efecto de los gases que había lanzado la Policía al entrar al zócalo.
—Yo estuve caminando rápido entre todo el desmadre, y al fondo, por el hotel Marqués del Valle un compa se aceleró y agarró un urbano (transporte público) lo metió por la calle de Hidalgo y Valdivieso, pero no sabía manejar, la Policía lo intentó parar y en una cosa bien suicida, el chavo o maestro dejó avanzar el urbano encendido y él se bajó por la puerta de atrás, hasta que se estampó el pinche urbano en el muro del hotel. Solamente así empezaron a abrirse los policías.
El operativo, ordenado por el exgobernador Ulises Ruiz, duró entre tres horas y media o cuatro y terminó alrededor de las 08:00 o 09:00 de la mañana tras el repliegue y reagrupación de los maestros.
—En esa fecha aún no se involucraba la ciudadanía, quienes participaban en estas movilizaciones y enfrentaban a los policías eran profesores y organizaciones que apoyaban al magisterio. La sociedad civil se fue involucrando conforme fueron avanzando los meses, aunque no era la población en general. Era complicado el asunto porque quienes vivían o trabajaban en el centro se sentían afectados en sus negocios. Las organizaciones se fueron sumando a la exigencia, ahí fue donde surgió la APPO. El magisterio fue rebasado, asumieron el control las organizaciones, todo se fue dando a lo largo de los meses de junio y julio, agosto.
La sociedad civil
En su experiencia como fotoperiodista, Félix observó que la sociedad civil eran personas que simpatizaban con el movimiento, de la comunidad, colonia o barrio donde se instalaban las barricadas.
“Por ejemplo, en Santa Lucía, que fue uno de los puntos donde estuve cubriendo, ahí estaban Los Magonistas, ellos controlaban las barricadas; no fue toda la población, eran grupos afines al movimiento y que estaban inconformes. Así que digas que toda la sociedad civil fue participativa pues no. Eso es lo que me tocó vivir, dice el periodista a dos décadas de ese movimiento .
“Conforme va pasando el tiempo, vas descubriendo cosas…”.
Félix Reyes estuvo una semana en el zócalo cubriendo para la agencia Proceso.
—La exigencia era mejores salarios, prestaciones, etc. y son cosas que se vienen escuchando desde hace 25 años. Pero detrás de todo también había políticos que en ese tiempo lograron ganar en 10 distritos las diputaciones federales. Aunque su triunfo fue coyuntural. En todas las comunidades había profesores y ellos (los políticos), comenzaron a usar los videos del desalojo para hacer campaña contra Ulises Ruiz. El PRD ganó con candidatos desconocidos 10 diputaciones federales y hasta senadurías. Pero realmente fue por un descontento social.
A finales de octubre, fuerzas federales (la Policía Federal Preventiva) ingresaron a Oaxaca para recuperar el control de la ciudad, desmantelando los plantones y barricadas casi a finales de año.
—Ahora puedo decirlo, siempre en los movimientos sociales hay infiltrados o gente con otros intereses, de esa fecha algunos se hicieron diputados tal vez como un pago o un sacrificio, antes estaban en la lucha social, eran los reprimidos del sistema. Ahora son funcionarios. Y cuando tú revisas la historia, vemos que no ha cambiado mucho, desde mi punto de vista no, no veo gran cambio. Creo que los movimientos sociales deben servir para hacer un cambio real y profundo. Pero para hacer lo mismo que un día criticaron, yo no le veo caso. La gente se está dando cuenta poco a poco que hubo un fracaso dentro de esas luchas. Algunos empezaron a emigrar hacia un partido y a cobijar a los que criticaron en su momento, ahora todos son amigos.
Miradas sobre el 2006, dos décadas después es una serie de relatos cortos, que sin menoscabo del relato de las víctimas, busca recuperar otras voces del mismo conflicto.




