“Me veo allí donde no estoy…”: 20 años después, grafiteros evocan a la Ciudad, y reafirman su rebeldía

Por Candelaria López

Ahora que la mirada pública en Oaxaca se ha dirigido con fuerza al arte urbano, ese al que el oficialismo “de pronto” le ha dado por llamar “contaminación visual”, la muestra “Me veo allí donde no estoy. Evocaciones difusas a través de un archivo incompleto de graffiti”, se instala —ella sí, y sin pretenderlo— como un acto de rebeldía.

El graffiti en la entidad —contrario a lo que muchos suponen—, surgió no a la par del movimiento político-social de 2006. En las calles, sobre todo de la capital y su zona metropolitana, el paisaje urbano comenzó su reconfiguración mucho antes, entre los años 1995 y 2005.

Mex, Wacko, Smek, Yankel, Beach e Ita, son algunos de los que conocen bien la historia, y es esta última quien desde hace al menos un par de años comenzó con la realización de talleres, conversatorios, laboratorios creativos y encuentros con quienes formaron parte de aquella escena, y también con quienes aún no.

Uno de los primeros resultados de esos ejercicios fue el proyecto “Cartografías callejeras”, que documenta la historia, rastros y estéticas del graffiti y el arte urbano en Oaxaca.

“El punto es marcar”, es la publicación que vio la luz tras ese ejercicio y hoy funciona como un portal y registro de la cultura visual oaxaqueña. Pero el trabajo no se quedó ahí.

Ahora, “‘Un archivo incompleto…’ alude a esas personas que ya no están por distintos motivos o a los rollos que nunca fueron revelados; mientras que ‘evocaciones difusas’ refiere a un presente que es eso: difuso, borroso, pero sin romantizar el pasado. Lo que fue”, explica Itandehui Franco, curadora de la muestra.

La muestra

“Me veo allí donde no estoy. Evocaciones difusas a través de un archivo incompleto de graffiti” puede apreciarse en los muros del taller-galería “El Alacrán”, donde se exhiben alrededor de 200 piezas entre fotografías, bocetos, objetos o herramientas conservadas por más de 30 integrantes de la comunidad graffitera local, en las que homenajean no sólo una forma de expresión, sino también a sí mismos.

“A veces, fuera de Oaxaca lo que más se conoce es el graffiti político que se hizo durante el movimiento de 2006, pero aquí estamos haciendo un rastreo del movimiento previo, y fue creo que un nacimiento paralelo en algunas ciudades de México; quizá más tardado en Oaxaca porque fue al sur”, dice Franco.

Las islas

Tal vez por ello, una de las islas (10 en total) que sostienen la muestra, enfatiza en esa generación ya politizada que justo fue una base importante antes de 2006, debido al paso en la ciudad capital de la marcha “El color de la tierra”, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

“Por sí solo, ese acontecimiento ameritó una generación, creo, muy consciente de las problemáticas sociales de su momento”, acota la también antropóloga social.

Y así como este núcleo temático, la exposición destaca el trabajo de quienes fueron algunos de los iniciadores e incluso las mujeres precursoras en el movimiento del graffiti.

Pero Ita no puede evitar no reconocer la importancia de la isla dedicada a las letras, al ser estas —con su estilización tipográfica— “parte de la esencia y el corazón del graffiti”.

A ello, añade el control que se fue haciendo de la técnica y el desprendimiento hacia otras como el esténcil con referencias políticas. Todo, justo previo al 2006.

Un archivo incompleto del grafitti

La muestra se acompaña del libro Un archivo incompleto del graffiti, impreso en risografía y convertido —como se señala en sus páginas— en un dispositivo portador de evocaciones múltiples de un pasado  colectivo a través de testimonios e imágenes de quienes, quizá sin notarlo, formaron una comunidad.

Para Smek (Javier Santos), esa conciencia comunitaria existente en aquellos años, era más bien “como una respuesta intuitiva de supervivencia” porque “te tienes que ayudar para lograr hacer algo”.

“Cuando hacíamos letras grandes, era obvio que si te tardabas cierta cantidad de tiempo en hacerlo solo, pues se podía hacer más rápido con tres o cuatro personas”.

Para el exintegrante del colectivo Arte Jaguar, “acordarnos en algún momento de eso era bonito. Planear el lugar, lo que íbamos a pintar y queríamos que causara impacto, ocupar x cantidad de material y organizarnos para que cada uno participara en el diseño que debía ser rápido y sin permiso”.

Hoy, a 20 años de distancia, Smek reflexiona y admite que ver la muestra (que abarca un periodo de 1995 a 2005) resulta interesante porque permite a sus protagonistas replantearse cómo toman la Ciudad; “es decir, no sólo como graffiteros, sino como habitantes de un estado como Oaxaca, atravesado por distintas situaciones”.

“Me veo allí donde no estoy. Evocaciones difusas a través de un archivo incompleto de graffiti” permanecerá hasta octubre próximo en el taller-galería “El Alacrán”, ubicando en Murguía 302, Centro Histórico. Horario: Lunes a sábado de 10:00 a 18:00 horas. Entrada libre.

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