Adiós al poeta Germán Carrasco Vielma

Por Enrique Arnaud
El 9 de febrero de 2026, a la 1:00 a. m., falleció a los 55 años el poeta chileno Germán Carrasco Vielma a causa de una meningitis. La poesía latinoamericana se ha visto conmovida tras la mala noticia.
Germán tenía una vida humilde, casi al límite, pero fue un príncipe de su profesión. Supo ser único a pesar de ser descendiente de la poesía que desde el siglo pasado es vanguardia y forma parte de la idiosincrasia chilena. Jamás le atrajo lo fácil de lo bonito, pero le encantaba lo majestuoso de lo natural. Era un poeta con los guantes de box puestos. Siempre dispuesto a pasar de la discusión a la pelea, pero también de la vergüenza a la reconciliación. Siempre amigo. Fiel seguidor del espíritu de la amistad.
Como ser humano fue una isla salvadora en medio de la nada, una isla inhabitable sí, pero siempre salvadora. Amó a los gatos y fue bueno con los animales. Disfrutó de la poesía al máximo.
Lo veo ahora deambulando de madrugada en la casa de un buen amigo en Buenos Aires, en calzoncillos, un whisky en una mano y un libro de poemas en la otra, flotando como una sombra entre los pasillos. Encandilado ante aquellas páginas.
Lo veo por siempre sentado en la playa Zicatela, bajo una sombrilla, al amparo de su amado Océano Pacífico, bebiendo un coco con ginebra y leyendo Los detectives salvajes mientras nos observa, y entre ceja y ceja, con un gesto amenazante, nos recuerda que no desea que le hablemos en todo el día, pero a la vez le inquieta no tenernos al alcance de su vista. Ese día por la noche tendrá un ataque de timidez mientras lee para un público tropical, salvaje y ávido de poesía, pero poco habituado a los poetas y a su tan necesario silencio. Le han tratado como a una estrella de rock y eso le incomoda.
Me dice: Las mejores letras del rock las tienen los Red Hot Chili Peppers.
En una tarde anaranjada en San Agustín Etla me ha confesado muero por comer un buen asado, está harto de tanto maíz, de tanto guiso. Este 1 de noviembre en mi casa habrá carne asada y otras cosas deliciosas.
Escucho a Germán Carrasco que juzga mi caso y sentencia: Dedícate a escribir y no trabajes nunca más en otra cosa si eso es lo que quieres. Estoy seguro de que encontrarás el fin de tu ambición si estás determinado a ello.
Gracias, amigo, por presentarme a Santiago y a Francisco. Por recomendarme tan buenas lecturas, y por invitarme a conocer el jardín japonés del Malva. Gracias. Gracias. Pero te digo algo: no hay cosa más triste en el mundo que ver a un poeta irse de este plano terrenal. Los universos se forman y se movilizan ante sus ojos cerrados.

