La asociación Estudios Rurales y Asesoría Campesina (ERA) presentó Territorios vivos, una serie de reflexiones y artículos para mirar en retrospectiva algunos de los cambios ocurridos en cuatro décadas en la agricultura, en la lucha y la preservación de las semillas, así como la importancia de los sistemas agroforestales y el manejo forestal comunitario para el cuidado de nuestra casa común: la tierra.
Esta serie de reflexiones e historias de comunidades de la Sierra Rarámuri, el estado de Chiapas, Quintana Roo, Veracruz, Estado de México y Oaxaca, entre otras, dan cuenta de la resistencia de los pueblos, su organización comunitaria, los logros, los principales desafíos que enfrentan en el cuidado y protección de sus bosques, tierras, sistemas agroforestales, etc, y los grandes retos que advierten para el futuro.
Algunas reflexiones son el resultado de un encuentro organizado por ERA a finales del 2025 en la ciudad de Oaxaca, otras más son experiencias que las mismas comunidades han decidido narrar, todas nos muestran cómo se entrelazan la tierra, los ríos, los bosques, la ciencia, los saberes tradicionales con los relatos de esperanza, resiliencia, pero sobre todo con las identidades y las historias de vida de quienes con su voluntad inquebrantable siguen protegiendo sus territorios.
Celebración colectiva
Consciente de que ERA es parte de un proceso mucho más amplio en el que participan comunidades indígenas y campesinas así como otras organizaciones o asociaciones civiles del país, Francisco Chapela, fundador de ERA explica “es un trabajo planeado con al menos un año de antelación, más que celebrar con un pastel de 40 velas, como equipo queríamos voltear a nuestro alrededor y ver qué ha pasado desde los años 80 a la fecha, es, en síntesis, una celebración colectiva”
Estas historias, originalmente publicadas en La Jornada del Campo , “se han dado en un contexto de transiciones interesantes y simultáneas como la transición demográfica. México pasó a ser un país de jóvenes en los últimos 50 años, se dio esa transición, mejoró la salud, se alargó la esperanza de vida, se redujo la tasa de natalidad. Tenemos una población a nivel nacional envejeciendo, a nivel del campo más todavía, pero los jóvenes están escaseando en México y sobre todo en el campo”, abunda Chapela.
Con la transición económica el Tratado de Libre Comercio, el primer TLC, cambiamos de una sociedad cerrada que buscaba producir todo adentro y pasamos a una política en donde estamos fronteras abiertas. Entonces importamos mucho del maíz que ocupamos en México, exportamos coches. “Eso ni de broma se hubiera podido plantear hace 40, 50 años”
Otra transición importante, dice, es la transición agroecológica, que permitió visualizar la relevancia de la tecnología agrícola tradicional, los métodos de los pueblos, la importancia de los campesinos de mantener los sistemas alimentarios y agrícolas. Todo eso es parte del contexto en el que se cuentan estas historias de los territorios vivos.
“Pocas veces hemos tenido la oportunidad de contar nuestra historia”
Lucero González técnica forestal de San Juan Atzingo y defensora de los Bosques de Agua.
Lucero González, especialista forestal de la comunidad indígena Tlahuica de San Juan Atzingo, asentada en el municipio de Ocuilan, Estado de México, cuenta en Territorios Vivos quiénes son, cómo fueron arrinconados en la Sierra durante décadas y cómo se disputaba la riqueza natural de sus bosques, montañas y ríos.
Después de mirar hacia atrás y evaluar los procesos en su comunidad a lo largo de cuatro décadas, Lucero concluye rotunda, “ este proceso nos enseñó la violencia del aprovechamiento forestal, nos enseñó que éramos mano de obra para el aprovechamiento forestal, para abastecer la papelera, también que el monte se vendía en pie, ahora sí, como tablas paradas o como en este caso madera parada”
Esta situación violentó a su comunidad desde los años 70, pero luego empezó a luchar por tener la tenencia de la tierra, por que se le reconociera su identidad agraria que, hasta el momento no han conseguido del todo.
Lo más fuerte en estas décadas, platica la especialista forestal, ha sido la defensa del bosque. contra la voracidad extractivista. A pesar de todo lo que ha pasado dice, la comunidad sigue organizada, se ha fortalecido su sistema de organización, “ es algo raro porque en el centro del país cada quien jala por su lado, pero la comunidad todavía mantiene su cosmovisión”
La historia de la comunidad indígena Tlahuica de San Juan Atzingo cambió de rumbo en 2016, gracias a los jóvenes profesionistas de la comunidad, hicieron su estatuto comunal un plan de ordenamiento territorial y comenzaron a tener un manejo forestal profesional. Todo ese esfuerzo técnico y legal que les permitió tener un aprovechamiento legal y sostenible. “Esa organización comunitaria que antes lograron fortalecer es la base para seguir protegiendo lo que queda del bosque”, apunta.
En Territorios Vivos también está la historia de la comunidad zapoteca de San Juan Evangelista Analco, en la Sierra Norte de Oaxaca, que con actividades forestales han abierto oportunidades de empleo que antes no existían; así como la del pueblo tsa ju jmí que con la organización comunitaria, rescatan el cacao en la Chinantla oaxaqueña y fortalecen economía, identidad y esperanza para el Buen Vivir.
Además, se cuenta como mujeres de Guerrero organizadas en la cooperativa Titekite Sanzekan han estado innovando las técnicas y los diseños de palma, Titekite Sanzekan no es solo una empresa, para ellas es una forma de vivir, de decir a otras mujeres de Guerrero que es posible organizarse. “Nuestro sueño es que nuestras hijas puedan vivir de la artesanía sin tener que migrar, que los bosques sigan dando palma y agua, que nuestras comunidades tengan una vida digna. Y mientras ese sueño no se cumpla, seguiremos tejiendo, seguiremos luchando, seguiremos “Titekite Sanzekan” (siempre trabajando juntas)”
Las historias completas puede encontrarlas en Territorios vivos


