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8M | Las consignas que incomodan

Del “No se va a caer, lo vamos a tirar” al "¡Quémenlo todo!" 

TEXTO: ROCIO FLORES | FOTO: CAROLINA JIMÉNEZ

Hay consignas que incomodan y se repiten como un mantra que parece contener el desafío, la fuerza y la esperanza colectiva. “No se va a caer, lo vamos a tirar” es una de ellas. 

Gritando esta frase llegan al primer cuadro de la ciudad de Oaxaca unas tres mil mujeres, brincando, desfogando la rabia contenida por la violencia y los crímenes impunes contra las mujeres.

El mismo grito de ¡no se va a caer, lo vamos a tirar!  ánima al bloque negro durante la marcha, mientras tira la madera que protege comercios o cuando rompe con fuerza los vidrios de bancos y oficinas públicas.

Las mujeres con pasamontañas, paliacates u  otros artículos, este día no tienen rostro, ni voz. Pero tienen un objetivo claro: la destrucción de símbolos de poder y de control económico, eso que llaman iconoclasia. La destrucción simbólica de todo lo que representa al sistema y al poder que oprime.

Sus razones: visibilizar su hartazgo, desafiar la autoridad  y a las instituciones que perpetúan la impunidad o el control de las narrativas sociales.

Al frente o a los costados el bloque negro va haciendo suya  la consigna «¡Quémenlo todo!», mientras el fuego arde en la puerta de Banorte y minutos después en la de Santander.

Las demás gritan al unísono ¡ “Fuimos todas” “Fuimos todas” ! Arriba, sobre sus cabezas la vigilancia por drones continúa como en toda la marcha, mientras ellas insisten, a pesar de todo y contra todos, en la responsabilidad compartida y la solidaridad ante la criminalización de la protesta.

“Fuimos todas” repiten sin temor, desafiando la amenazante vigilancia de las costosas cámaras del C5, hartas, dicen, de no encontrar en las instituciones respuestas a la violencia feminicida que ha terminado con la vida de más de 300 mujeres en este gobierno y que deja libres a los victimarios.

Unas gritan con fuerza, otras piden enérgicas: «No tomen fotos, no graben». El fuego avanza. Los bomberos llegan a intentar socavar lo que arde en el edificio. Sus intentos son motivo de burla. ¡No puede, no puede! gritan.  Este fuego no se apaga, repiten e inmediatamente se reorganizan para impedir el avance de la pipa que llega con agua, mientras renuevan sus consignas o resignifican otras tantas.

.Durante la protesta, incendian la sucursal del banco Santander ubicado en la calle Independencia |FOTO: ROCIO FLORES

Las consignas y acciones de este 8M son motivo de incomodidad, vergüenza y rechazo para algunas personas. Eso escriben en un mundo virtual paralelo usuarios y usuarias de redes sociales, quienes lanzan críticas contra ellas, parece que sin intentar comprender el pasado o el presente de las mujeres que este 8M protestan, en su mayoría jóvenes de entre 16 y 25 años, el miedo de que las maten o desaparezcan, y el deseo genuino de ellas de construir algo nuevo para todos.

Una se atreve a responderles: ¿Cómo le explicamos al gobierno que tiene que parar los feminicidios en Oaxaca? ¿Cómo les explicamos que no queremos que nos golpeen o nos maten, cómo les explicamos que queremos tener un futuro?

«Nuestras consignas no son para incitar a la violencia, es un llamado a destruir las estructuras patriarcales y las instituciones que perpetúan la desigualdad y no garantizan la seguridad de todas las mujeres, lo hacemos por nosotras mismas y como un acto de justicia por las compañeras, amigas, sobrinas, hermanas que ya no están con nosotras, que fueron asesinadas, violadas, silenciadas», apunta Maritza, una de las voces lanzando consignas en este 8M.

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