Aquel 14 de junio, el brutal ataque policial e intento de desalojo contra el magisterio desató la indignación y prendió la mecha de un fuego que recorrió las calles, espacios públicos, colonias e incluso algunos municipios cercanos; durante meses todo fue transformándose en nuevos episodios de gran tensión social, de enfrentamientos violentos con grupos de choque, barricadas, arte subversivo, resistencia social y cultural.
La indignación ciudadana impulsó la nueva organización. La APPO y el magisterio tomaron gran parte de la capital oaxaqueña, hicieron uso de los medios de comunicación públicos y durante meses repitieron en sus marchas, manifestaciones y barricadas la consigna «¡Va a caer, va a caer, Ulises va a caer!»

